domingo, 21 de junio de 2026

La identidad castellano-manchega

 


El otro día juntamos a un escritor de Tomelloso, uno de Guadalajara y uno de Albacete.

No es el principio de un chiste. Los juntamos para que explicaran cómo les va eso de escribir en esta comunidad autónoma. Ya sabemos que para escribir basta con un boli y un papel, que puede ser incluso la servilleta de un bar. A partir de ahí, la tarea se puede sofisticar cuanto se quiera, con ordenador y aplicaciones varias. Lo peliagudo es que lo que escribes exista fuera de tu círculo familiar y de los cuatro amigos acríticos que conforman los verdaderos límites de tu tribu. Castilla-La Mancha es una región muy absorbente, como un agujero negro que invisibiliza los proyectos. Es una comunidad de turismo o de paso en la que hasta los funcionarios autonómicos viven en Madrid. Ser manchego, alcarreño o toledano quizá aporte ciertas características parecidas a una identidad, aunque la globalización las diluya. En cambio, ser castellano-manchego... ¿qué demonios es eso? Ni Dionisio Cañas, ni Diego Bris, ni Valentín Carcelén, que lo son de distintas maneras, se aventuraron a definir en qué consiste ser castellano-manchego, este invento de los fundadores de autonomías. En el improbable caso de que tengamos una identidad, aunque se trate de una extraña confusión de rasgos o una acumulación de quejas, solo pueden contarla los escritores. Los medios de comunicación, por muy públicos que sean, son esquemáticos, no alcanzan las esencias sino las generalidades, solo sirven para ensalzar al jefe y sus hazañas. La esencia es lo que subyace en el día a día, algo mucho más difícil de capturar y que sin embargo termina convirtiéndose en un tópico. Donde más se condensa y cristaliza es en las novelas y en los poemas. Siempre que alguien los lea. Lo que no está escrito y no se lee, aunque esté contado, no acaba de traspasar la membrana de la vida. Ni siquiera es leyenda. A nuestra invisible comunidad autónoma, para existir un poco, le vendría muy bien promocionar a sus creadores que son los únicos que pueden aflorarla. Hace falta que alguien con poder para hacerlo tenga la sensibilidad de darse cuenta o simplemente que quiera existir.

No hay comentarios:

Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete