domingo, 4 de octubre de 2026

La bola negra

 

Un amigo me comentó hace poco que Federico García Lorca debía de ser insoportable, / que no aguantaba que la conversación se apartara de él ni un minuto, que necesitaba ser siempre el centro de atención. No se conserva su voz, pero es fácil imaginarlo con su acento granadino adueñándose de la sobremesa, sentándose al piano, recitando lo último que había escrito. Tan torbellino como esos amigos que todos hemos tenido y que, paradójicamente, echamos de menos en cuanto se ausentan. Quien acapara la fiesta también la enciende. El Lorca imparable de las veladas en la Residencia de Estudiantes convivía con otro, el que se encerraba en la Huerta de San Vicente a trabajar sus obras con paciencia de relojero. Ahora que está en boca de todos por la película La bola negra, que mezcla un esbozo suyo con La piedra oscura de Alberto Conejero y donde asoma de pasada el rubio de Albacete, conviene recordar que el mito no lo fabricó solo su talento. Lo fabricaron también quienes lo asesinaron en agosto de 1936, con 38 años y en plena gloria. La tragedia tiene esos caprichos. Si la historia hubiera repartido los destinos al revés, quizá el mito sería hoy Luis Cernuda, sevillano de la misma generación, que compartía con Federico la condición de homosexual pero no el gusto por la jarana, y que murió en México a los 61 años después de haber demostrado con creces que era un tipo áspero y poco dotado para reinar en las reuniones. Nos habríamos perdido sus certeros ensayos sobre poesía y su obra de madurez, pero los versos de Donde habite el olvido pesarían tanto como el Romancero gitano. En el fragmento de Lorca que da título a la película, la bola negra es la que se deposita en la urna de un casino para vetar la entrada de un socio indeseable. La posteridad también vota con bolas blancas y negras, y no siempre por méritos. A Federico le han tocado homenajes, el cetro sobre la Generación del 27 y una película notable. Cernuda tiene que conformarse con una baldosa en la calle Tetuán de Sevilla con su nombre mal escrito y el añadido de su segundo apellido, que encima detestaba.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

domingo, 6 de septiembre de 2026

Profanación diferida

 

Unos vecinos de la Edad del Bronce deciden esconder su tesoro lejos de donde viven, en un paraje intrincado.

domingo, 30 de agosto de 2026

Artuñedo, Yeste y Delfín

 

Con un papel en la mano, junto a la foto de Delfín.
Al otro lado, Pedro Artuñedo y Sahida Amido

El pasado viernes leí poemas de mi libro Cesto de moras en la ermita de Santiago de Yeste, donde durante más de tres décadas leyó sus poemas mi amigo Delfín.

domingo, 23 de agosto de 2026

Con las manos en los bolsillos

Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete