Hace 90 años Albacete era una pequeña ciudad rosada y cremosa.
Así se lo pareció a André Malraux, recién llegado desde Francia como las Brigadas Internacionales con el ánimo de defender a España de sí misma. Para ser más concretos, para defender la democracia del golpe militar emparentado con los fascismos europeos. Me cuesta trabajo ponerme en el pellejo de aquellos voluntarios que interrumpieron sus rutinas y sus proyectos para jugarse la vida. Cuánto ha cambiado el mundo, qué cómodos nos hemos vuelto, cómo se han ido disolviendo los ideales. Por mucho que el mundo esté en un peligro quizá mayor que aquel, no me imagino a mis años yendo voluntariamente a jugarme la vida a un país ajeno y tampoco me imagino hacerlo en mi juventud. No me imagino. Encima eran muchísimos. De hecho, fueron tantos que no está claro cuántos fueron. Aunque vinieran en oleadas, desfilaron por Albacete casi el mismo número de brigadistas que de albaceteños. Unos cuarenta mil vecinos acogieron y se mezclaron con aquella multitud que se desparramaba en los pueblos de alrededor mientras su comandancia intentaba organizarlos desde el edificio del Banco de España del Altozano. Cómo iban a saber los tenderos en qué lengua les solicitaban mercancía aquellos clientes. Nunca ha funcionado con tanta fluidez y provecho en Albacete el lenguaje de los gestos. Los rebeldes eran menos idealistas y en febrero del año siguiente la Legión Cóndor bombardeó la ciudad durante más de seis horas sin discriminar albaceteños de brigadistas. Precisamente un grupo de aquellos voluntarios se internó en lo que hoy es el Paseo de la Libertad para socorrer a los afectados por una explosión registrada al otro lado de la estación (hoy Parque Lineal). Una nueva bomba muy certera segó sus vidas. En la verja de la Diputación siguen marcadas las muescas de la metralla, las únicas cicatrices que no mienten. Conviene visitar la exposición sobre las Brigadas Internacionales abierta en el Chalé Fontecha para evitar que el olvido cale, que la locura se repita, para recuperar aquella ciudad que nunca más sería rosada y cremosa.
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