domingo, 15 de febrero de 2026

El relato del agua

 

Dicen que san Juan de la Cruz se quedaba embelesado mirando correr el agua.

Dicen que en los viajes a pie, generalmente con otro monje, de pronto le decía: vamos a hacer un alto. Y se sumergía entre los juncos, persiguiendo el ruido de algún riachuelo. El otro lo esperaba, hasta que se les echaba la noche encima. Entonces iba a buscarlo y se lo encontraba en trance, con los ojos fijos en los remolinos. Conocemos nuestro verdadero tamaño interrogando al genio del río, dejó escrito Hermann Hesse. San Juan y Hesse eran sabios, comprendían que la sabiduría nace de escuchar. En la cuarta o quinta borrasca con nombre de pila de lo que llevamos de año, el agua ha venido a contarnos cosas a la manera que solo el agua sabe contarlas: ha colapsado los colectores del barrio Industria, ha rebrotado desde los imbornales, desde los desagües y hasta de los enchufes para inundar varias casas, ha recuperado su ser de tiempos que nos parecían legendarios, cuando a los pies de la Villacerrada se extendía una sucesión de lagunas. Nos ha recordado la piel original de este territorio, ahora desfigurada por rascacielos y asfaltos y aceras. Creíamos que el canal de María Cristina había borrado para siempre aquellos terrenos inundados, aquellas plagas de mosquitos anófeles. Pero el tufo nunca se fue del todo. En mi infancia corrió la voz de que su estancamiento había producido una epidemia y por eso lo taparon. Estoy hablando desde neblinas de recuerdos, no desde la historia. Y sin embargo, el agua ha vuelto para despertar nombres dormidos: el Val General o Riopiojo, que desaguaba las inmundicias y ahora es una calle que llamamos Ancha. Los ríos Balazote y Lobera (la espada del infante don Juan Manuel), el Acequión… Nuestros políticos reaccionaron inventando historias que transmitiesen la culpa al rival, cuentos maravillosos, pero enseguida han sido capaces de ponerse de acuerdo. Por una vez, han dejado que hablase el agua en vez de acallarla con su vocerío. Como nos enseñaron los maestros san Juan y Hermann Hesse. Ojalá y fueran capaces de seguir escuchándola cuando amaine la borrasca. 

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Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete