Hay escritores tan absortos en su labor que siguen produciendo obras mucho después de muertos.
El ejemplo paradigmático es Lope de Vega que vivió con tanta intensidad pasiones, duelos y arrepentimientos que es imposible que quepan tantas cosas en el tiempo de su vida. No es el único, ni mucho menos. Claro que, para recuperar esas obras que se les caen de las manos a estos escritores a los que ni la muerte contiene, el filólogo de turno debe tener un perfil un poco esotérico, ya que es al mismo tiempo experto en literatura y en escatología. Sus rescates tienen algo de ceremonia espiritista. Eso pensaba la otra noche mientras escuchaba hablar a Abelardo Linares. Alternábamos con Antonio Avendaño ante unos platos exquisitos de bacalao en uno de los restaurantes más pintureros de Sevilla. Abelardo estaba entusiasmado con el libro que está a punto de publicar en su Renacimiento. No en vano se siente el descubridor de la continuación de A sangre y fuego, la historia más incandescente de la guerra civil española. Quien no la haya leído, que corra. Son relatos escritos por un periodista sevillano que contaba la vida y la convertía en literatura para hacerla todavía más real. Porque la literatura sirve para eso, para intensificar la vida. Aquel tipo se llamaba Manuel Chaves Nogales e inventó el nuevo periodismo veinte años antes de que llegaran Tom Wolfe y compañía y se colgaran la medalla solo porque eran yanquis y tenían más cerca el altavoz. Chaves Nogales inmortalizó al torero Juan Belmonte, contó la revolución rusa desde dentro y sobrevoló Europa antes de morir exiliado con 44 años, mientras los mediocres borraban meticulosamente su nombre. Aun así, era tan pertinaz que resucitó y está volviendo, ha vuelto. Abelardo Linares dice que ha recopilado la segunda parte de su historia de la guerra española que había quedado desperdigada en periódicos que Chaves Nogales fundaba y firmaba con distintos nombres para que no se notara que era él mismo el que lo escribía todo. Sigue escribiendo. La guerra total es su obra más reciente, pero estoy seguro de que no será la última.
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