domingo, 17 de mayo de 2026

Alfonso Quijada

 

foto Santiago Vico

El pintor Alfonso Quijada vuelve a exponer en la librería Popular, como hace medio siglo.

Fue el primer pintor abstracto albaceteño. Se decantó por este estilo 45 años después de que Kandisky se encontrara un cuadro mal apoyado y decidiera que uno podía pintar objetos irreconocibles. Quijada quería estudiar Bellas Artes, pero su padre le impuso la farmacología. Gracias a que fue obediente, este valdeganguero de 1937 recriado en La Gineta, observó al microscopio los bichos que causaban las enfermedades y comprendió que eran objetos abstractos. Así pudo compatibilizar la pintura y la farmacia, y hacerlas convivir en su botica de la calle Tejares, en cuya trastienda se afanaba silencioso. Eso, cuando no recibía en tertulias improvisadas a sus colegas, tanto albaceteños como consagrados. Allí acudía Antonio López, antes de ser el Antonio López que viene con su aureola y tiene pendientes de entregar pinturas hace tiempo cobradas. A Quijada lo apreciaban y lo respetaban todos porque era humilde y sensato. Sabía que no iba a vender esos cuadros que poca gente comprendía y que la mayoría sigue sin comprender, y sin embargo perseveraba. Como nos dijo a La Siesta del Lobo en 1986, «es un poco triste que el arte abstracto se haya hecho clásico sin ser asimilado por el gran público». Pero él se encogía de hombros y seguía a lo suyo: «necesito hacer cosas con las manos, tengo espíritu de coleccionista, y esto tiene relación con mi pintura». En el catálogo de la actual exposición, Andrés Gómez-Flores cuenta de él que le gustaba pintar en cartón, en las cajas de las camisas, le gustaba que las pinceladas se le salieran del marco. Era tan imparable que cuando la enfermedad lo acorraló en el hospital, había que apartar las pinturas que seguían brotando de sus manos para que pudiera entrar el médico. Murió en 1994, pero aún espera uno encontrárselo en una calle de Carretas o se lo imagina trasteando en su rebotica. «Evito los caminos que me van a llevar mucho tiempo; tengo que elegir, la vida se me escapa», nos dijo en 1986, ocho años antes de que se cumpliera su propia profecía.

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Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete