A Trump no había manera de apartarlo del podio.
Estaba el hombre allí mirando, sonriente, un
poco desorientado y sin embargo feliz de compartir victoria. Los expertos
llaman BIRG a este fenómeno, ya muy estudiado. BIRG por las iniciales inglesas
de “Basking in Reflected Glory”, que podría traducirse libremente como colgarse
medallas ajenas. Es un clásico en política: se invita al triunfador para
estrecharle la mano, fotografiarse con él e impregnarse de su triunfo, si puede
ser mostrando gran camaradería y complicidad para que la energía triunfal fluya
en las dos direcciones. Así, Felipe VI, en la recepción al equipo, dejó que
Lamine Yamal lo abrazara con el “dap”, ese saludo callejero de origen
afroamericano tan característico en el joven extremo. Por si acaso, más tarde
la Casa Real difundió una nota aclaratoria. La familia real es gran
especialista en tirar de BIRG. Cuando el equipo femenino ganó el mundial en
2023, doña Leticia y una infanta se integraron con las jugadoras en el podio
con tanta desenvoltura que a cualquiera que no hubiese visto el partido le costaría
distinguirlas. Mucho más comedido estuvo Infantino, el presidente de la FIFA,
el órgano que rige el fútbol mundial. Combinó discreción y firmeza para apartar
del podio a Trump, que no entendía que se celebrase una fiesta en la que él no
fuera protagonista. Nadie mejor que un colega para seducir al sátrapa. Semanas
antes, Trump le había exigido por teléfono que rehabilitasen a un jugador
estadounidense expulsado. Infantino acató. Los especialistas en lenguaje
corporal saben que los políticos son indescifrables cuando están en público,
que el único momento en que bajan la guardia es al entrar y al salir. O viendo un
partido. A Infantino lo pillaron en el podio dando una palmada de decepción cuando
marcó gol España. Fue un relámpago revelador, su momento CORF, que es lo
contrario del BIRG. Nadie lo hubiera dicho minutos más tarde viéndolo en el
podio tan cercano con los ganadores, tan cómplice con el seleccionador, tan
delicado alejando a Trump, tan ajeno al descontrol de su equipo favorito.

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