Me impresionó la Fuenteovejuna de la albaceteña Rakel Camacho.
Entre otras cosas, convierte el monólogo de Laurencia en un ritual salvaje. Rakel me confiesa que tenía en la cabeza a la Sissy Spacek ensangrentada de la película Carrie con la que Brian de Palma versionó la novela de Stephen King. Es un zambombazo visual que llena el escenario y lo vuelca en los ojos. Como dice ella, el teatro está para crear una nueva realidad. Lo aprendió de Francisco Nieva (Valdepeñas, 1924-2016). Cuando le dedicó su trabajo fin de carrera en la RESAD, le preguntaron con sorna si era la moderna de la clase por montar a un autor tan antiguo. Pero Rakel confiesa que el término moderno le resulta impostado y pretencioso. En cambio, se siente manchega, como el propio Nieva o como Joaquín Reyes o como Almodóvar. Le digo que, curiosamente, a otro manchego, el poeta Antonio Martínez Sarrión, lo llamaban el moderno. Dice Rakel que hay un carácter manchego reconocible, elevado, estilizado y popular, que encarna en sus montajes sin más esfuerzo que ser ella misma. Desde Una novelita lumpen de Bolaño que encontró en una estantería de su casa, hasta Fassbinder, al que adora. En el teatro, dice Rakel, todo es posible: abre la puerta de otra realidad, estimula al espectador a que piense y a que sienta a la vez, algo que solo se puede hacer ante actores entregados. Dice que no le gusta el naturalismo, que prefiere personajes que no duden, que no se pierdan en psicologías, que actúen traspasados por ideas. Se expresa con la misma determinación con la que se ha labrado un prestigio. Habló con Mayorga y le propuso trabajar juntos. Y lo hicieron. Hace unos meses le estrenó Palabra de perro, una versión libérrima del Coloquio de los perros cervantino, que igual viene a Chinchilla el año que viene. Ama a Cervantes, asegura que era muy teatral, aunque tenga mala fama como dramaturgo. En abril abordará Las bodas de Fígaro de Mozart con el reto de versionar la ópera para un público joven. Rakel, que empezó en Albacete con Morcillo y el Teatro Capitano, está amasando el mundo con sus manos manchegas.
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