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| Barranco a los pies de Letur, en la actualidad |
Hasta lo más terrible deja algo bueno. El otro día anduvimos por Letur. Literalmente pisamos las sombras de las casas que la dana borró del mapa.
¿Cómo olvidar las imágenes de unos vecinos reclamando auxilio mientras el mundo se desmigajaba a su alrededor hasta engullirlos? Quién no guarda alguna cicatriz, nunca del todo invisible por mucho que la cubra una sonrisa. Elena Jiménez, la guía, nos contó su propia peripecia. Su oficina estaba paredaña con esos edificios ahora fantasmales. Cruzó la calle a tiempo y se mantuvo dos horas aferrada a una reja, mientras el agua negra subía y bajaba buscándole los pies. Un agua que apareció desde la nada, desde el infierno mismo, porque en Letur no llovía cuando la torrentera sacudió el pueblo hasta los cimientos. Se presentó ansiosa, imparable, con treinta kilómetros de aceleración, saltando puentes y tronchando diques. Paradójicamente, el otro día la propia Elena nos señaló una torre como si fuera un regalo. Marcaba la entrada a la alcazaba. Otra dana anterior, aquella de ignorancia, había borrado el castillo entero en 1946 para construir casas nuevas. Y sin embargo, detrás de algunos de los edificios colapsados hace un año, afloraron estos restos que nadie esperaba. Un par de torres entre la sucesión de callejas muy estrechas, el trazado que preserva el sabor y las apreturas del mundo medieval. No se sabe qué papel jugarán estas torres en medio de las reparaciones de un pueblo que aún se busca el rostro. Pero ahí están. Durante el paseo, Antonio Maciá mencionó el Alto de la Villa de Albacete. Como buen fotógrafo, su mente asociaba los humildes tapiales con aquellos más humildes y remotos que se llevó por delante la avaricia constructora de la capital. Había, sí, pobreza e inmundicia, y baldes de metal que se vaciaban en la calle y puertas de madera de doble hoja. Pero hoy serían un símbolo, si se hubieran salvado. En cambio, por lo menos, se mantiene en pie y orgulloso el Pasaje Lodares. Está cumpliendo un siglo. De milagro, claro. No hace tanto que ha vuelto a peligrar. Aquí lo que se salva es de milagro.
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