domingo, 14 de diciembre de 2025

Paseando por lo que queda

 

La Maga de Cortázar, tal como la interpretó Ciro,
y mi reflejo de fantasma sobreimpresionado

Salgo a pasear. Así empiezan las historias que merecen la pena.

Para que a uno le pasen cosas hay que echarse a la calle. Las historias nunca vienen a buscarte a casa. En las redes sociales y en la tele, les ocurren siempre a otros. Hace mucho tiempo que no salía sin una misión concreta, sin ni siquiera la prisa artificial de hacer ejercicio. Salgo dispuesto a ser el protagonista de mi relato, aunque no haya relato. Y lo primero que noto es que me falta algo, que no sé qué es. Me palpo el móvil en el bolsillo y tengo que sobreponerme a la tentación de sacarlo y echarle una ojeada. Es el mono de la interconexión con Mátrix. Consigo vencerlo. Unos pasos más adelante, entre aburrido y ansioso, voy recuperando la atención a lo que me rodea, que es el superpoder de los humildes. Tomo conciencia de que las calles son grises, de que los edificios son altos y bastante impersonales, de que cada doscientos metros hay operarios trajinando en una zanja. Tomo conciencia de que estoy en una ciudad que me resulta familiar, pero cada vez menos. Paso cerca de una cicerone que está explicándoles a un grupo de jubilados que allí había una tienda, allí otra... Esta recontando las tiendas desaparecidas. Recuenta la ciudad que ya no está. Para sacudirme la nostalgia, o para acentuarla, sigo el consejo de mi amigo el arquitecto Pipiyo y me adentro en el Pasaje Lodares. Dice Pipiyo que entras en el Pasaje y te cambia el ritmo. Compruebo que es verdad. Aunque dura poco. Entras por una puerta, sales por otra, y te acometen de nuevo ritmo acelerado, la vaga familiaridad, la calle Ancha que promete convertirse en un clamor de luces navideñas. Agacho la cabeza bajo ese arco de bombillas, a esta hora apagadas, y me refugio en la exposición El legado de Ciro en el Museo Municipal. De pronto caigo en la cuenta de que Ciro murió, de que en dos días se han ido también Jorge de Ilegales y Robe Iniesta, que eran tan de la familia como el otoño. Es como si el mundo hubiera retrocedido unos pasos para que lo mires con perspectiva. Son cosas que te ocurren paseando. Al final encuentras. Te encuentras.

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Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete