domingo, 22 de marzo de 2026

Caminos públicos

 

Fajardo nos señalaba los bordillos de piedras del antiguo camino romano y nosotros levantábamos los pies como si estuviéramos chafando alguna flor valiosa.

Era aquí cerca, en los Arberceales, en el tramo de la vía pecuaria que une Libisosa (Lezuza) con Saltigi (Chinchilla). En el siglo I, un gaditano (de Gadir) tuvo la valiosa idea de grabar el recorrido hasta Roma en unos vasos de plata que dejó como exvotos en las termas de Vicarello. Por eso sabemos que entre Libisosa y Saltigi estaba, no sabemos dónde, Parietinis. Unos cuantos amigos de El Collao anduvimos el sábado por esta vía que los cronistas llamaban «la romana». Pasa junto a una microrreserva de plantas en peligro, supervivientes en esos suelos hostiles, sin que haya más indicación ni más protección que las salvaguarde que su propia facilidad para pasar desapercibidas. Alrededor, vallas y carteles de prohibido cazar y coger setas, acechando este espacio inalienable que son las vías pecuarias, tan propiedad de todos como las playas, las orillas de los ríos y el monte público, pero mucho más indescifrables, porque no hay más signos que las identifiquen que unos hitos de piedra medio ocultos. Esa misma mañana habíamos caminado por otras vías pecuarias en el término de Peñascosa. La naturaleza, incontenible, las ha matorralizado hasta confundirlas con los robles, los quejigos y los pinos negrales y blancos. Pero aún quedan salegas y bebederos que ayudan a localizarlas y, donde no, alcanza la sagacidad de ese sabio tranquilo que es Fajardo, que recita los nombres de las plantas y sus utilidades, rescatándolas de la indiferencia y del olvido para los que caminamos con él. Nos señala árboles singulares, milenarios, que apreciamos con el instinto de los iberos, que consideraban que ciertos bosques son lugares sagrados. Comprobamos que un vendaval derrumbó el pino de Toromocho. Qué se le va a hacer... El caso es que volvimos con los ojos curados por el verdor de la fronda, el olfato y el oído iluminados, las botas embarradas y el ánimo dispuesto para arrostrar lo que nos sigan echando en los telediarios.

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Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete