domingo, 26 de abril de 2026

Máscaras

 

El jueves entré a que me observasen las máscaras rituales que trajo Juan Ramírez de Lucas de sus viajes por el mundo.

Debería haber sido yo el que las observase a ellas, o al menos ese era el plan, pero en cuanto me situé frente al bosque de miradas que constituye la exposición, me di cuenta de que yo llevaba las de perder porque ellas eran más y tenían todo el tiempo del mundo para recrearse conmigo. Es como cuando entras en un bar: todos se percatan de tu presencia y te hacen la ficha, mientras que tú tardas un tiempo, que se te antoja eterno, en aclimatarte y en dirigirte a la mesa de tus colegas. Uno nota enseguida que le miran. Hay un sexto sentido que te avisa. No digo que fueran todas las máscaras, las 29, porque la mayoría estarían ya vacías cuando Ramírez de Lucas las eligió en un mercadillo y se las trajo a España. El programa dice que las máscaras eran rituales. Uno se pone una máscara para convertirse en otro. Si la máscara es ritual, el que se la pusiera se convertía en otro muy diferente del que venía siendo de contino. Lo más normal es que se convirtiera en un brujo investido con los poderes de un dios o de un demonio, o de ambas cosas. Sé por experiencia que los ritos pueden ser tan absorbentes que no terminas de salir de ellos, aunque te secuestren y te lleven a la otra punta del globo terráqueo. Hay máscaras que siguen estando en África o en Oceanía, en cualquiera de los once países de donde se las trajo el que fuera novio de Federico García Lorca. Siguen en sus danzas y en sus conjuros, aunque físicamente parezca que están en Albacete. Era evidente que uno o varios de aquellos espíritus intentaban arrastrarme con ellos a su hoguera, su cantinela y su tótem. Me hice el fuerte. Deambulé un rato entre las máscaras, como si fuera yo el que las miraba a ellas, y, una vez que les hube demostrado (a ellas y a mí mismo) mi entereza, volví a salir al Altozano, a la Feria del Libro. Así de fácil. En cambio, cuando me observa la máscara de Trump desde la pantalla que sea, no consigo abstraerme de su locura. No hallo el modo de sobreponerme.

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Estos artículos se han publicado los domingos en la página 2 del diario La Tribuna de Albacete