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| Juan Bravo (i), Salvador Jiménez, Concha Vázquez (presentadora del acto), Llanos Moreno (redactora jefa de Barcarola) y José María López Ariza. Foto: Ani López (librería Popular) |
Esta semana se ha presentado en librería Popular el número 111 de la revista Barcarola.
Además de los artífices (con Juan Bravo, su director, a la cabeza), hablaron Salvador Jiménez y José María López Ariza. El segundo estaba de concejal de Cultura en 1979, cuando Bravo se presentó en su despacho con los dos primeros números de Barcarola para solicitarle ayuda. Reconoce Ariza que le rechinaron los anuncios publicitarios que ocupaban buen número de páginas; en especial el de aceites Olimpo. Le pareció que no encajaban en una revista de creación. Como tampoco era mucha la exigencia económica, y como Ariza se desdoblaba también como diputado de Cultura, decidió que ambas instituciones, Ayuntamiento y Diputación, sostuvieran Barcarola. No tuvo que esforzarse para convencer a las corporaciones. Así hemos llegado hasta hoy, y llegaremos hasta el número 125, o hasta donde lleguemos, como dijo un entusiasmado Juan Bravo. Yo recordaba otros anuncios, como el Merkal. No en vano, algunos alumnos de Bravo y de Nani García de León en la Universidad Laboral nos iniciamos en la literatura en el papel de morilleros, trayendo y llevando manuscritos e ilustraciones de los colaboradores, en un tiempo en que no existían Internet ni correo electrónico ni otra forma de llevarlos a la imprenta que no fuera acarreándolos físicamente. Incluso le devolví unos dibujos al pintor Beneyto en su casa estudio de la calle Codols en Barcelona, en una peripecia inolvidable. Casi medio siglo después, Barcarola sigue, y no solo por el apoyo institucional, pues otras empresas como la escuela de Teatro sucumbieron a las alternancias políticas. Ariza y también Salvador Jiménez, que estaba de alcalde en aquel tiempo de la fundación, demostraron que se han leído devotamente el número. Valoraron como antecedente la revista “Cal y canto” de los años 50, pero no recordaron “Ágora”, encarnación del 27 albaceteño (José S. Serna hubiera presentado queja). Al final, sugirieron jocosamente a los canosos responsables que vayan buscando la manera de que la revista perviva sin ellos, porque «no sois eternos».

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