Con la Feria en el horizonte, apetece revisar la figura de José S. Serna (1907-1983).
No en vano, fundó y dirigió la “Revista de Albacete y de su feria” (1947-1956), que después se llamó simplemente “Feria” (1957-1982). Aunque lleve muerto medio siglo, sigue siendo patriarca de las letras albacetenses porque nadie ha podido arrebatarle este título. Quizás porque, al contrario que sus compañeros de generación, gente de peso como Artemio Precioso, Mariano Tomás, Roberto Molina o Huberto Pérez de la Ossa, decidió resistir toda su vida en Albacete, aferrado a su profesión de abogado y su vocación de escritor, en vez de emigrar a la Corte a mendigar prebendas. Serna, que fue Pepe sin dejar de ser don José, acogía escritores en su despacho igual que Aleixandre en su casa de la calle Velintonia, siempre envuelto en el halo de haber traído a Albacete a Unamuno, a su adorado Azorín y de haber entrevistado a un Federico García Lorca que no se quitó el mono de trabajo en el tiempo que duró su visita con La Barraca para representar Fuenteovejuna. Eso sí, al que venía de pueblo lo interrogaba en busca de palabras manchegas. Serna fue nuestro representante local de la generación del 27, aunque nadie se haya enterado todavía. Y no será porque no hiciera méritos, pero escribir en Albacete es escribir en el agujero. Promovió los 8 números de la revista “Ágora” que se cargó la Guerra Civil. La correspondencia había que enviársela a su casa, en el número 3 del Pasaje Lodares. También encabezó la revista “Cal y canto” y cultivó todos los géneros, aunque nunca incurrió en el pecado de la poesía. Escribió que había nacido junto a una fábrica de gaseosas a la que achacaba cierta efervescencia de su espíritu tranquilo. Escribió un libro de relatos titulado “El hombre que murió de un discurso”. Dedicó su diccionario manchego “Cómo habla la Mancha”, al marqués de Molins, albaceteño que había sido director de la RAE (1865-75); se lo dedicó a ver si se le pegaba algo. Y se le pegó, pero tarde: la Academia lo acogió como nuevo miembro en abril de 1983, solo un mes antes de que muriera.
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